Un gato no es un perro pequeño (ni se parece)

UN GATO NO ES UN PERRO PEQUEÑO

Ya desde la carrera nos van mentalizando: un gato no es un perro pequeño. No lo es ni a nivel clínico (tienen determinadas características a tener en cuenta a la hora de hacer pruebas y recetar medicaciones) pero, sobre todo, a nivel manejo.

 Conozco a varios profesionales que prefieren no lidiar con estos pequeños felinos y es que, desde el punto de vista del veterinario, la realidad es que nos hacen la vida un poco difícil. 

Solo realizar una simple exploración puede convertirse en un campo de batalla donde todo el mundo sale muy estresado (y, a veces, magullado) y no siempre se consigue el objetivo.

En mis años de trabajo con ellos he aprendido que es preferible ir con calma y aprender a leer sus señales para adaptar un poco la práctica a cada individuo, que forzar situaciones por que vamos con prisa y necesitamos ver qué le ocurre.

Constantemente los forzamos a adaptarse a nuestras necesidades, sin tener
en cuenta las suyas. 

Los gatos son animales muy sensitivos que se estresan con facilidad al sacarlos de su entorno conocido. 

La práctica veterinaria holística no se basa exclusivamente en una forma más amplia de ver la enfermedad y su tratamiento, sino también en el bienestar emocional del animal.

He comprobado personalmente en muchas ocasiones que un pico de estrés puede empeorar visiblemente el estado de salud del animal.

Por eso, situaciones como la hospitalización solo las recomiendo en casos muy concretos, no porque el tratamiento sea inadecuado, sino porque la ansiedad que les provoca suele generar que dejen de
comer y empeoren sus síntomas.

Gran parte de mi trabajo se basa en prácticas manuales como el craneosacral o terapia magnética con imanes, ambas no invasivas y mucho más amables con el animal pero que, a su vez, son altamente efectivas no solo como procedimiento terapéutico, sino como método de recabar información a la hora de
implantar un tratamiento.

 

¿Y esa terapia cómo la realizas en animales? ¿Se dejan? Son las preguntas más repetidas cuando explico a qué me dedico. Y claro que hay animales que están tan traumados, tienen tanto miedo y/o ansiedad, que realizar la terapia resulta difícil.

Pero la realidad es que una gran mayoría no solo se dejan, es que se
relajan y la disfrutan, algo que es muy satisfactorio de vivenciar.

Aunque lo ideal es poder trabajar físicamente con el animal, para el porcentaje que no permite el contacto directo, también existen opciones.

Lo importante es valorar cada caso particular y adaptarse a sus circunstancias, entendiendo que el fin último de lo que hacemos es mejorar su salud y su bienestar global.

Incluso en el momento de medicarlos, todos los que hemos convivido con gatos sabemos lo difícil que puede ser cumplir con el tratamiento que nos ha indicado el veterinario, con el estrés que implica para el
animal y para nosotros. En estas situaciones he aprendido a ser imaginativa y buscar opciones mejor toleradas por el paciente. No siempre se consigue, trabajar con gatos es un desafío constante, pero también
una enorme satisfacción.

 


Mónica Sacristán. Veterinaria holística

¿Quieres consultarme algo? msacristan60@gmail.com

 

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